martes, 14 de mayo de 2013

Nación



Entiendo la palabra Nación como fenómeno socio-político.
Afirmaciones como “los costeños son perezosos”, “los paisas son avispados” o “los ingleses no cocinan como gente civilizada”, si bien no son enunciados científicos, cuentan con una aprobación íntimamente relacionada con la génesis estadística de tales juicios de valor. Aunque el desconocimiento común del valor del trabajo no es suficiente para construir una nación, me atrevo a decir que ese tipo de rasgos estandarizados sí generan vínculos sociales (insuficientes de por sí para un proyecto estatal).
Los tiempos han cambiado. Hegel habló del espíritu nacional haciendo referencia a las costumbres que dan carácter a un pueblo y esto ocupó un puesto importante en su pensamiento. Las guerras mundiales fueron en parte consecuencia del salirse de control de las políticas nacionalistas a las que no ayudó en nada la iniciativa propagandística de las potencias, que concluyó en el apoyo masivo a los bombardeos y el desarrollo de bombas. La vigencia de la exaltación del carácter nacional empieza a morir cuando el mundo acepta el error (por sus consecuencias) e inician políticas pro-tolerancia que van de la mano con el proceso globalizador, muy amigo de una estandarización cultural. Una pregunta abierta para mí es qué tanto le aporta este fenómeno a la humanidad.

martes, 7 de mayo de 2013

Adolecer

Cada que miro atrás e invoco el espíritu de mis vagas nociones psicológicas repasando las causas históricas de mis miserias, aparece mi hermano, que me mira y desprecia desde el principio hasta el fin, aparece con su pelo corto oloroso al sudor que me hacía hervir la sangre cuando peleábamos a golpes.

Ese héroe que reemplazó a papá después de su muerte ya es como una estrella de rock vieja, estancada, desgastada y sobretodo humana, un papel de regalo que se fisura y deja por fin escapar al exterior una cantidad desconcertante de lixiviados espirituales, mostrando concretamente lo absurdo de los amores infantiles, pero sobre todo la enfermedad de la ambigüedad causada por la ausencia del progenitor.

Te amé durante la deriva, que parecía un viaje normal, y lo hago ahora, aun cuando siento por fin las hipotermias atrasadas de las noches después del naufragio. 

Kunst und Gesellschaft

lunes, 6 de mayo de 2013

Alegría (y límites)

Todo el arte que hagas, que sea para alegrar al que aprecia tu obra: La bonita máxima de alguna pintora argentina.

¿Cómo sabes si ves bien? Si nunca te das cuenta de que ves mal, entonces sabes todo el tiempo que ves bien; eso si no estás contaminado de la miserable obsesión por la búsqueda de errores en tu percepción, en cuyo caso siempre verás mal. Cuando sabes que ves mal, entonces intentas ver bien y, si lo logras, buscas otros errados y les enseñas a ver, cual el filósofo del mito de la caverna; eso si el error es de percepción y no de sensación, en cuyo caso solo el imparable transcurrir de la tecnología arrojará un proceder milagroso que ponga bien los conos cromosensibles al que no los tiene bien puestos.

Yo no he perdido nada. Simplemente tengo un sistema asociativo visual más recortado que la mayoría. Ponte en mis zapatos (lentes) y sentirás una tristeza que me es ajena, como le es ajeno al ciego innato el miedo de abrir los ojos y no ver. Pero salte de mis zapatos y sentirás la alegría de tu fortuna, una alegría que me es tan ajena como imposible sentir el color rojo.

¿Cómo le explicas a un ciego el color azul? Es lo mismo que explicarle a un muerto el sabor del azucar, a un vivo cómo se ven las ondas ultravioleta o a un sordomudo el pretérito pluscuamperfecto; cómo se hace una revolución sin ideas, una guerra sin armas, electricidad sin Maxwell. La infraestructura es condición necesaria para la realidad; ésta solo puede suceder de aquélla.

Pesimista esperanzado

Adopto este formato intentando vivir con palabras aquello consignado en los versos Schopenhauer que no puedo llevar aun a símbolos conscienntes. Sé que lo entiendo, pero no lo sé decir; muestra de que lo sé es que puedo identificar cuándo sucede la situación no-descrita, siento el feliz cosquilleo infantil en músculos de mi abdomen y un derramarse de caprichosas y aleatorias endorfinas en un lugar de mi cabeza que podría señalar con el dedo. Mi intuición asintió a la invitación de un bípedo.