Todo el arte que hagas, que sea para alegrar al que aprecia tu obra: La bonita máxima de alguna pintora argentina.
¿Cómo sabes si ves bien? Si nunca te das cuenta de que ves mal, entonces sabes todo el tiempo que ves bien; eso si no estás contaminado de la miserable obsesión por la búsqueda de errores en tu percepción, en cuyo caso siempre verás mal. Cuando sabes que ves mal, entonces intentas ver bien y, si lo logras, buscas otros errados y les enseñas a ver, cual el filósofo del mito de la caverna; eso si el error es de percepción y no de sensación, en cuyo caso solo el imparable transcurrir de la tecnología arrojará un proceder milagroso que ponga bien los conos cromosensibles al que no los tiene bien puestos.
Yo no he perdido nada. Simplemente tengo un sistema asociativo visual más recortado que la mayoría. Ponte en mis zapatos (lentes) y sentirás una tristeza que me es ajena, como le es ajeno al ciego innato el miedo de abrir los ojos y no ver. Pero salte de mis zapatos y sentirás la alegría de tu fortuna, una alegría que me es tan ajena como imposible sentir el color rojo.
¿Cómo le explicas a un ciego el color azul? Es lo mismo que explicarle a un muerto el sabor del azucar, a un vivo cómo se ven las ondas ultravioleta o a un sordomudo el pretérito pluscuamperfecto; cómo se hace una revolución sin ideas, una guerra sin armas, electricidad sin Maxwell. La infraestructura es condición necesaria para la realidad; ésta solo puede suceder de aquélla.
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