Cada que miro atrás e invoco el espíritu de mis vagas nociones psicológicas repasando las causas históricas de mis miserias, aparece mi hermano, que me mira y desprecia desde el principio hasta el fin, aparece con su pelo corto oloroso al sudor que me hacía hervir la sangre cuando peleábamos a golpes.
Ese héroe que reemplazó a papá después de su muerte ya es como una estrella de rock vieja, estancada, desgastada y sobretodo humana, un papel de regalo que se fisura y deja por fin escapar al exterior una cantidad desconcertante de lixiviados espirituales, mostrando concretamente lo absurdo de los amores infantiles, pero sobre todo la enfermedad de la ambigüedad causada por la ausencia del progenitor.
Te amé durante la deriva, que parecía un viaje normal, y lo hago ahora, aun cuando siento por fin las hipotermias atrasadas de las noches después del naufragio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario