martes, 14 de mayo de 2013

Nación



Entiendo la palabra Nación como fenómeno socio-político.
Afirmaciones como “los costeños son perezosos”, “los paisas son avispados” o “los ingleses no cocinan como gente civilizada”, si bien no son enunciados científicos, cuentan con una aprobación íntimamente relacionada con la génesis estadística de tales juicios de valor. Aunque el desconocimiento común del valor del trabajo no es suficiente para construir una nación, me atrevo a decir que ese tipo de rasgos estandarizados sí generan vínculos sociales (insuficientes de por sí para un proyecto estatal).
Los tiempos han cambiado. Hegel habló del espíritu nacional haciendo referencia a las costumbres que dan carácter a un pueblo y esto ocupó un puesto importante en su pensamiento. Las guerras mundiales fueron en parte consecuencia del salirse de control de las políticas nacionalistas a las que no ayudó en nada la iniciativa propagandística de las potencias, que concluyó en el apoyo masivo a los bombardeos y el desarrollo de bombas. La vigencia de la exaltación del carácter nacional empieza a morir cuando el mundo acepta el error (por sus consecuencias) e inician políticas pro-tolerancia que van de la mano con el proceso globalizador, muy amigo de una estandarización cultural. Una pregunta abierta para mí es qué tanto le aporta este fenómeno a la humanidad.

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